sábado, 27 de febrero de 2010

Quinta parada: Algunos cómplices

Anocheció y amaneció: Día 5


Pensé que estaba en Cartagena de Indias, cuando llegué a Bogotá. El sol había cumplido con su cometido de sonrojar a muchos y por eso la gente andaba tranquila, incluso con ese ritmo en las  caderas del que tiene todo el día para dejar pasar por el mismo lugar y dejar la calle honda.
  
Sin embargo, al otro lado de la calle los grandes edificios hacían la sombra que le salva la vida a muchos. Y allí los empresarios salían en su hora de almuerzo a algún lugar cercano. Detrás, salían los empleados con caras de gran, mediana, pequeña o diminuta felicidad.

Pensé por un segundo qué sería de mi vida si hiciera justo lo contrario a lo que me hace feliz. Qué sería de mí si tuviera que despertarme cada día a repetir las mismas cosas hasta llegar a hacer una fotocopia de mí mismo. Pero la pesadilla terminó cuando recordé que era un viajero y que mi pasión era precisamente viajar. Fue entonces cuando valoré que viajando aprendí a contar historias y a contagiar a algunos tantos.

Empecé solo, recibiendo viajeros en mi casa y poco a poco fui pensando en la idea de tener mi propio negocio de hospedaje. Pero sin duda, embarcar a otros es difícil: los tienes que enamorar de aquello que a ti te mueve y empezar a navegar sabiendo que aún aquellos que aceptaron entusiastas se pueden quedar atrás.

Por eso escribí unos cuantos clasificados, tratando de cautivar a muchos, pero con la idea clara de no crear falsas expectativas. Lo que escribes te puede condenar o salvar y de paso lograr el mismo efecto en otros. Pensar que detrás de ese anuncio podía haber cientos de personas sin empleo, que podrían aceptar seguir mil locuras y pasar sus siguientes años preguntándose de qué tamaño es su felicidad a mi lado… (como yo lo hacía frente a los altos edificios de Bogotá)

Gran motivo para escribir muy bien y saber dónde poner ese conjunto de simpáticas letras (sin duda un gran motivo). Y así fue como trabaje todo un día e intenté buscar los mejores lugares para la publicación del anuncio. Como siempre, en inglés y en español para poder dialogar con más de un mundo. Por lo demás sólo restaba esperar…

Después de 20 minutos de sombra regresé a disfrutar los regalos del sol bogotano y pensé, ya llevo 5 días viajando… Suficiente para sentir que ya estoy más allá que acá y sentir mis pies algo cansados, pero decididos a seguir luchando hasta el final. Ya lo había aprendido en mi recorrido: lo más difícil no es llegar al destino sino saber andar.

Recordé entonces al final de ese día a todos y cada uno de los que me han acompañado en este viaje y les dediqué a ellos lo que faltaba para regresar a mi destino. Si algo es cierto es que nada soy sin ellos y que el éxito del viaje ha sido conocerlos en este contexto donde el tiempo se confunde entre las horas y el día y la noche se vuelven una misma cosa. 
 Por eso y por más me dispongo a ir a su encuentro para celebrar lo que hemos logrado y lo que falta aún por lograr.

No importa qué pasé, ya hemos ganado.

Yo lo supe en aquella tarde soleada cuando los grandes edificios me dieron la respuesta. Soy de aquellos afortunados que han pasado su vida inmensamente felices (y no sólo a la hora del almuerzo).

Cuarta parada: El primer lugar

Anocheció y amaneció… Día 4


Pensé que yo había andado por la vida hasta que conocí a Antonio, un atleta cubano de 45 años que ha dedicado toda su vida a luchar por el primer lugar. Me lo encontré en una de mis escalas mientras iba rumbo a Colombia y sólo bastó observarlo a distancia para saber que se trataba de alguien que no puedes dejar ir.

Antonio hablaba con la inocencia de un niño, pero sus palabras pesaban como la experiencia de aquel anciano capaz de guiar a su pueblo y llenarlo de esperanza a punta de cuotas diarias de sabiduría. Mientras estuvimos en la sala de espera me remonté a sus tiempos y espacios...

Pude verlo en La Habana, más de dos décadas atrás; cuando su única posesión era el sueño de convertirse en un gran deportista y traerle motivos a su familia por los cuales sonreír y sentirse orgullosa. Desde entonces, la constancia fue dando su fruto y así logró posicionarse en el primer lugar de los maratones, de las carreras para las que empezó a ejercitarse sin poder distinguir entre la planta de sus pies y el polvo del suelo.

Fue así que aprendí esa tarde de espera que UNO es más que un número, que saber buscar lo que sueñas es saber llegar y que ser el primero no es tan sencillo como simplemente quererlo. Buscar las palabras, los espacios, las pistas que te harán distinto de los que han quedado atrás para toda la vida... Eso es ganar.

Pensé largo, como los pasos de Antonio, y anduve en silencio pensando en aquellos que no brillan por su nombre sino por lo que han recorrido. Llegó la hora de abordar un nuevo avión y mientras volaba extrañé a aquel cubano que sin decir mucho lo dijo todo.

Y sí… vaya que lo había hecho bien.
 Los Antonios del mundo me hacen sonreír…

Tercera parada: El que está detrás


El aterrizaje en Ciudad de Panamá fue suave y tranquilo. Tania me contó sus mejores trucos para hacer de un vuelo una gran experiencia. Ella, desde niña soñó con ser azafata y me compartió sus historias (sobre todo las de los tantos viajeros que ha conocido).

Escuchándola puede ver los pequeños rincones de su trabajo. Definitivamente, el éxito está en los detalles. Como saludar, responder preguntas y despedirse. Preguntas de muchos tipos, aparentemente sencillas pero con intenciones de fondo mucho menos obvias que aquellas palabras pronunciadas por los clientes.

Al aterrizar Tania tenía tiempo libre antes de su próximo vuelo, así que nos fuimos a un café y me contó aquellos detalles para hacer un trabajo impecable. Como hay personas de todo tipo, hay necesidades y respuestas de todo tipo. ¡Duramos horas y horas contestando tres preguntas! En inglés y en español, como es normal en esta industria del turismo.

Definitivamente fue un gran día para comprender lo que significa servirle a otros y conocer gente como Tania, que casi nadie ve pero está ahí… esperando a que alguien la llame para hacerle alguna pregunta de esas que cuestan horas, pero se responden en algunos minutos….

Segunda parada: La gente

 Y anocheció y amaneció… Día 2. 

¡Este fue sin duda un día agitado! Ya en Santo Domingo (República Dominicana) se siente el calor, el Caribe, la gente… De hecho, este pensamiento me acompañó todo el día, la sensación de saber que al fin y al cabo todo se reduce a un “nosotros”.

Conocí a un loco en la playa llamado Andrés. Mucho talento en verdad para ser una persona. Me dijo: “hay que celebrar que estás aquí, hagamos una fiesta para no olvidar jamás”. Y así fue: mi reto era llenar el sitio de la fiesta a como diera lugar. Buscamos amigos, amigos de los amigos y desconocidos que después se volvieron amigos…  Jajaja Y así sucesivamente, ¡hasta que todo fue un éxito!

Hacer algo así parecía una locura, pero Andrés sabía muy bien por qué hacerlo. Yo, como a los locos, le seguí la corriente y no perdí las ganas aunque en la mañana sólo tuviéramos pocos confirmados (los típicos amigos que le dicen que sí a todo).

Pues bien, mi estrategia fue buscar un mensaje original, hacerlo diferente a todos los demás. Hacer una red de amigos para que me ayudaran para que la bola de nieve empezara a rodar… Sólo el calor y la fiesta podían derretirla al final de la noche.

Invitamos a todos y fuimos superando cada obstáculo y mirando el reloj como un enemigo que se hace querer y luego asiste a la mejor fiesta de tu vida. Al final sólo me quedó el sabor de la Piña Colada y el mejor recuerdo de un día que se convirtió en tributo de la buena energía y perseverancia. Me sentí más humano y nuevamente di gracias por todos aquellos que creyeron en mí.

Ya exhaustos, Andrés y yo, descansamos y sonreímos al saber el gran equipo que fuimos. Un día, un reto y la complicidad de querer cumplir un objetivo. Efectivamente, una fiesta para no olvidar. 

El que me diga que no se aprendió, ¡que tire la primera piedra!

P.D. Espero el siguiente día de mi viaje con ansias… cruzando los dedos para que sea un poco más tranquilo y siga gozando de tan buenas compañías :)

Primera parada: Las Letras


¡México lindo! Qué bien se siente llegar a América Latina...

Ya por fin en mi hostal (por cierto bien costumbrista) y después de un día de muchas vueltas y visitas, me senté a hablar con otros viajeros. Como siempre, vienen de aquí y de allá, el trazo de sus rumbos parece una gran ciudad cruzada por venas y arterias de asfalto. Tuve el placer de conocer a Jack, un estadounidense que no habla ni media palabra de español aparte de las que Lonely Planet le enseñó en sus últimas páginas: Hola, gracias, cuánto cuesta... jaja

Jack y yo comenzamos a hablar de nuestros viajes y eran tan impresionantes sus relatos que lo convirtieron en mi primer compañero. Juntos, elegimos un camarote e hicimos nuestros recorridos por la ciudad. Me compartió un poco de su vida y la historia de cómo fue a parar en América Latina por primera vez: su pasión por esta parte del mundo, el motivo por el cual compró su primera alcancía y el mismo por el cual cuando se jubiló se fue sin pensarlo a Tijuana, detrás de María, su ex compañera de trabajo y el amor de su vida.

La primera noche nos dedicamos a las letras, a escribirle un mensaje a María, diciendo "aquí estoy", "es mi primer día", "quiero verte, ojalá antier...". Por supuesto, yo lo ayudé a traducir cada palabra, procurando no distorsionar -ni por una coma- su intención que se hizo letra, lenguaje, código y pasó de la emoción a la pantalla hasta llegar a mí.

Me dediqué con todas mis ganas a decir lo más básico, pero bien dicho. Traducir es un asunto complejo. Es como ponerte dos trajes distintos y luego descubrir ante el espejo que algo en ti cambió. "Señor-Mister", no puede ser la misma persona, no puede ser...

Y así revisé muchas veces lo escrito y le pregunté a otros viajeros cómo "sonaba" (porque no importa que esté escrito, las palabras siempre suenan). Cuando llegó la noche, tuvimos que comprar algo de comer y beber. Se nos habían pasado las horas y ya Jack necesitaba enviar su mensaje.

Yo tenía que despedirme de México al día siguiente, así que cumplí con el objetivo y luego me dediqué a soñar sobre mañana. ¿Qué encontraría? ¿Quién estaría debajo de mí en el próximo camarote? Al final, sólo di las gracias por saber dos idiomas que me han traído muchos amigos. Sólo di las gracias.

El inicio del viaje


Hay muchas formas de narrar un viaje, aunque a veces se hace difícil cuando tienes sólo algunos días para pensar, escribir, dibujar garabatos y darle una vuelta al mundo para saber lo que pasa allá afuera...

El principio es muy parecido al final por la sensación en tu estómago (el vacío del susto) por lo que viene o por lo que se fue. Todos los aeropuertos se parecen al final y las caras se mezclan y escapan por puertas gigantes para luego poder extender sus alas y lanzarse sin previo aviso a la aventura más grande, al reto que pocos asumen a la hora de empacar: dejarme ir... LetMeGo.

Mi destino es el mundo, mis paradas serán siete en total, mis compañeros de viaje me hablarán en distintos idiomas y al final cada uno con sus distintas apuestas hará de esta experiencia la mejor. Con ganas, con talento, con mucho café, con la compañía del sol y la luna...

Tengo 24 horas para quedarme un poco un cada lugar... Igual, es mejor estar poco tiempo para tener muchos motivos para regresar. No tengo idea lo que vendrá, sólo sé que me fascinan las sorpresas, los últimos minutos antes de destapar los regalos de la vida. Al fin y al cabo, la expectativa del siguiente día me mantiene vivo hoy.

Damas y caballeros, paso a inmigración. Se abren las puertas del gate... Me despido Madrid, nos vemos al rato :)


En mi maleta: Llevo pocas cosas pero las que son... Algo para escribir y dibujo, algo para vivir conectado de la gente que quiero y me importa, un mapa para conocer el camino, una brújula para no perder mi norte y muchas ganas de llegar al destino, no tanto a salvo, sino con uno o varios años de experiencia más.

Para no olvidar: Viajeros del mundo, por propia experiencia les digo, nunca olviden su rumbo aunque vean cosas interesantes aquí y allá. Nunca olviden quiénes son aunque se hagan mezcla mientras viajan y nunca olviden por qué algún día emprendieron un viaje.

A propósito: El mejor viaje es el que se hace hacia adentro...