sábado, 27 de febrero de 2010

Cuarta parada: El primer lugar

Anocheció y amaneció… Día 4


Pensé que yo había andado por la vida hasta que conocí a Antonio, un atleta cubano de 45 años que ha dedicado toda su vida a luchar por el primer lugar. Me lo encontré en una de mis escalas mientras iba rumbo a Colombia y sólo bastó observarlo a distancia para saber que se trataba de alguien que no puedes dejar ir.

Antonio hablaba con la inocencia de un niño, pero sus palabras pesaban como la experiencia de aquel anciano capaz de guiar a su pueblo y llenarlo de esperanza a punta de cuotas diarias de sabiduría. Mientras estuvimos en la sala de espera me remonté a sus tiempos y espacios...

Pude verlo en La Habana, más de dos décadas atrás; cuando su única posesión era el sueño de convertirse en un gran deportista y traerle motivos a su familia por los cuales sonreír y sentirse orgullosa. Desde entonces, la constancia fue dando su fruto y así logró posicionarse en el primer lugar de los maratones, de las carreras para las que empezó a ejercitarse sin poder distinguir entre la planta de sus pies y el polvo del suelo.

Fue así que aprendí esa tarde de espera que UNO es más que un número, que saber buscar lo que sueñas es saber llegar y que ser el primero no es tan sencillo como simplemente quererlo. Buscar las palabras, los espacios, las pistas que te harán distinto de los que han quedado atrás para toda la vida... Eso es ganar.

Pensé largo, como los pasos de Antonio, y anduve en silencio pensando en aquellos que no brillan por su nombre sino por lo que han recorrido. Llegó la hora de abordar un nuevo avión y mientras volaba extrañé a aquel cubano que sin decir mucho lo dijo todo.

Y sí… vaya que lo había hecho bien.
 Los Antonios del mundo me hacen sonreír…

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