
¡México lindo! Qué bien se siente llegar a América Latina...
Ya por fin en mi hostal (por cierto bien costumbrista) y después de un día de muchas vueltas y visitas, me senté a hablar con otros viajeros. Como siempre, vienen de aquí y de allá, el trazo de sus rumbos parece una gran ciudad cruzada por venas y arterias de asfalto. Tuve el placer de conocer a Jack, un estadounidense que no habla ni media palabra de español aparte de las que Lonely Planet le enseñó en sus últimas páginas: Hola, gracias, cuánto cuesta... jaja
Jack y yo comenzamos a hablar de nuestros viajes y eran tan impresionantes sus relatos que lo convirtieron en mi primer compañero. Juntos, elegimos un camarote e hicimos nuestros recorridos por la ciudad. Me compartió un poco de su vida y la historia de cómo fue a parar en América Latina por primera vez: su pasión por esta parte del mundo, el motivo por el cual compró su primera alcancía y el mismo por el cual cuando se jubiló se fue sin pensarlo a Tijuana, detrás de María, su ex compañera de trabajo y el amor de su vida.
La primera noche nos dedicamos a las letras, a escribirle un mensaje a María, diciendo "aquí estoy", "es mi primer día", "quiero verte, ojalá antier...". Por supuesto, yo lo ayudé a traducir cada palabra, procurando no distorsionar -ni por una coma- su intención que se hizo letra, lenguaje, código y pasó de la emoción a la pantalla hasta llegar a mí.
Me dediqué con todas mis ganas a decir lo más básico, pero bien dicho. Traducir es un asunto complejo. Es como ponerte dos trajes distintos y luego descubrir ante el espejo que algo en ti cambió. "Señor-Mister", no puede ser la misma persona, no puede ser...
Y así revisé muchas veces lo escrito y le pregunté a otros viajeros cómo "sonaba" (porque no importa que esté escrito, las palabras siempre suenan). Cuando llegó la noche, tuvimos que comprar algo de comer y beber. Se nos habían pasado las horas y ya Jack necesitaba enviar su mensaje.
Yo tenía que despedirme de México al día siguiente, así que cumplí con el objetivo y luego me dediqué a soñar sobre mañana. ¿Qué encontraría? ¿Quién estaría debajo de mí en el próximo camarote? Al final, sólo di las gracias por saber dos idiomas que me han traído muchos amigos. Sólo di las gracias.

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